Una aventura en Çanakkale: el camino a Troya

Llegué a Çanakkale con un propósito claro: visitar la legendaria ciudad de Troya. Lo primero que me sorprendió fue lo barata que era la ciudad. Comer como un rey costaba menos que un café en Europa, y el hospedaje tenía vistas al mar sin necesidad de vender un riñón.

La ciudad en sí tenía un aire relajado, con su paseo marítimo salpicado de cafeterías y el famoso Caballo de Troya de la película Troya (sí, el de Brad Pitt). Posé frente a él con mi mejor cara de héroe griego antes de emprender el viaje hacia las ruinas.

El encuentro con Troya

Después de un corto trayecto, llegué a Troya. Esperaba algo majestuoso, imponente… pero me encontré con montones de piedras y cimientos apenas visibles. Ahí estaba yo, de pie en lo que alguna vez fue una de las ciudades más famosas de la historia, tratando de imaginar grandes murallas y ejércitos en batalla. Pero todo lo que veía eran ruinas. Solo ruinas.

Me sentí un poco estafado, pero la historia pesaba más que la decepción. Caminé entre los restos de las antiguas murallas, vi las nueve capas de la ciudad construidas unas sobre otras y traté de imaginar a Helena y a Paris caminando por ahí.

Al final, Çanakkale resultó ser la verdadera joya del viaje: comida deliciosa, ambiente relajado y precios ridículamente bajos. Troya… bueno, al menos pude decir que estuve allí.

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