Suiza

Glacier Express

Desde el momento en que subí al Glacier Express, supe que estaba a punto de vivir una de las experiencias más especiales de mi viaje. Había investigado bastante antes de comprar mi billete y sabía que el precio original para la primera clase desde Brig hasta St. Moritz era de 253 CHF, pero gracias a mi pase de Interrail, logré reducirlo hasta 49 CHF, un descuento considerable que hacía que la experiencia valiera aún más la pena. Me acomodé en mi asiento junto a las enormes ventanas panorámicas, listo para disfrutar del recorrido a través de los Alpes suizos en verano. A diferencia de las postales invernales que siempre había visto del Glacier Express, ahora el paisaje era completamente distinto: montañas verdes, valles salpicados de flores silvestres y ríos cristalinos que serpenteaban entre los prados. En el vagón en el que viajaba, me llamó la atención que compartía espacio con un numeroso grupo de turistas chinos, quienes claramente habían reservado una experiencia completa con guía propio y menú incluido. Desde el primer momento, se notaba que su viaje estaba perfectamente organizado: mientras yo me limitaba a observar y sacar fotos, ellos recibían información detallada sobre cada tramo del recorrido. En otro vagón, pude ver otro grupo igual de grande, pero esta vez de turistas indios, lo que me hizo notar cómo este tren es un destino turístico por sí mismo. Durante gran parte del trayecto, la mayoría de los pasajeros a mi alrededor formaban parte de estos grupos organizados. Sin embargo, en Andermatt, vi por primera vez cómo el tren comenzaba a llenarse con turistas europeos individuales. Hasta ese punto, el ambiente había sido mayormente de agencias turísticas con todo planificado, pero ahora se sumaban viajeros independientes, probablemente suizos o europeos explorando el país por su cuenta. A diferencia de muchos pasajeros que aprovecharon para probar el menú a bordo, yo decidí no realizar ninguna comida durante el viaje. En parte porque los precios en Suiza son elevados, pero también porque quería disfrutar al máximo de las vistas sin distracciones. Mientras el tren avanzaba, me dediqué a admirar cada paisaje: los valles verdes, los pequeños pueblos suizos con casas de madera y las impresionantes montañas que se elevaban a nuestro alrededor. El punto más alto del recorrido fue el Paso de Oberalp, con más de 2.000 metros de altitud, donde el paisaje se abría con praderas alpinas y lagos de aguas azules. Después, descendimos por el Desfiladero del Rin, una de las partes más impresionantes del trayecto, con sus acantilados de piedra y el río que serpenteaba en el fondo. Tras varias horas de viaje, hicimos una breve parada en Cuera. Apenas tuvimos 20 minutos, pero fue el tiempo justo para bajar, estirar las piernas y dar un pequeño paseo por la estación y sus alrededores. No podía irme sin llevarme un pequeño recuerdo de Suiza, así que aproveché para comprar algunas cervezas suizas, porque, ¿qué mejor manera de cerrar el día que probando algo local? De vuelta en el tren, el paisaje comenzaba a transformarse con la luz dorada del atardecer. A medida que nos acercábamos a St. Moritz, el sol descendía lentamente sobre las montañas, tiñendo el cielo de tonos cálidos. Finalmente, alrededor de las 21:00, llegamos a nuestro destino. Nada más salir de la estación, ya tenía claro cuál era el siguiente paso: tomar el bus de línea nº10 que me llevaría a mi alojamiento, el Jugendherberge St. Moritz, el hostel más barato que pude encontrar en una ciudad famosa por su lujo. Sin embargo, lo que no esperaba era encontrarme con un hostel juvenil de altísima calidad. Desde el primer momento, me sorprendieron las excelentes instalaciones, la limpieza impecable y los servicios que ofrecían. No parecía un simple hostel; más bien, daba la sensación de un refugio de montaña con todas las comodidades. Pero lo mejor, sin duda, era su ubicación. Rodeado de un entorno paradisíaco, con vistas a los Alpes y una tranquilidad absoluta, sentí que había elegido el lugar perfecto para pasar la noche. Después de un día tan intenso y emocionante, tocaba descansar, porque la aventura por Suiza aún no había terminado.

Brig

Dejamos Estrasburgo atrás, con rumbo a Suiza, y lo primero que tenía claro era que tenía que desconectar el roaming. No estaba incluido en mi plan y sabía que tendría que moverme de manera más autónoma. Así que, con los mapas de Google ya descargados y la ruta bien estudiada, me aseguré de tener todo preparado para cualquier imprevisto. No podía permitirme perderme, especialmente al cambiar de país, así que decidí confiar en mis propios recursos. El plan inicial era hacer una parada en Zermatt, pero por falta de tiempo, no pude quedarme allí y opté por ir directamente a Brig para almorzar. No iba a ser una comida lujosa, pero sí muy necesaria, ya que el resto del día se iba a centrar en disfrutar del famoso Glacier Express y no tendría tiempo para otra comida. Además, los precios en Suiza son bastante elevados, por lo que la decisión de no quedarme en Zermatt resultó ser muy acertada. Tomamos el tren a Basilea y, desde allí, continuamos hasta Brig. Al llegar, me sentí algo aliviado de estar finalmente en Suiza, pero al mismo tiempo, mi mochila ya empezaba a ser un pequeño peso adicional. Sin embargo, no era momento para lamentarse. Me puse a caminar por las calles de Brig, buscando un lugar donde poder comer algo. El tiempo apremiaba, así que no perdí demasiado tiempo. Finalmente, encontré un restaurante pequeño y acogedor, donde me senté a disfrutar de una comida tranquila. A pesar de lo sencilla que fue, fue un verdadero alivio, ya que sabía que no tendría más oportunidades para comer en el resto del día. Después de mi almuerzo, continué mi camino hacia la estación de tren. Estaba ansioso, pues el Glacier Express me esperaba, y no quería perder ni un segundo de esa experiencia única. Con mi mochila al hombro, me dirigí hacia la estación, donde el ambiente ya era de pura anticipación. El tren, famoso por recorrer los impresionantes paisajes alpinos, no tardó en llegar, y cuando vi su imponente presencia en la estación, supe que todo lo que había hecho hasta entonces valía la pena. A las 15:00 horas, como un reloj suizo, me encontraba en el andén esperando para abordar el famoso Glacier Express. Estaba listo para emprender el viaje a través de los Alpes suizos, un trayecto que no solo me llevaría a St. Moritz, sino que también me regalaría vistas espectaculares, rodeado de montañas, valles y paisajes de nieve que solo Suiza puede ofrecer. El tren avanzó lentamente, comenzando su recorrido hacia las alturas, y con cada kilómetro recorrido, sentí que estaba viviendo una de las mejores experiencias de mi viaje. El día en Suiza no había hecho más que comenzar, pero con el Glacier Express, sabía que el recorrido por los Alpes suizos sería el punto culminante de esta parte del viaje. ¡Estaba listo para disfrutar de cada segundo!

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