Ruse

Después de varias semanas recorriendo Rumanía, llegó el momento de despedirme y cruzar la frontera hacia un país que siempre me había despertado curiosidad: Bulgaria. Mi primera parada fue Ruse, una ciudad a orillas del Danubio, justo en la frontera con Rumanía. Desde el tren, mientras cruzaba el famoso Puente de la Amistad, sentí esa mezcla de emoción y expectativa que solo se tiene al entrar a un país nuevo.

Bulgaria me intrigaba por muchas razones: su idioma, su cultura y la calidez de su gente. Al bajar en Ruse, lo primero que noté fue la arquitectura con influencia austrohúngara, algo que no esperaba ver en Bulgaria. Paseé por el centro, admirando edificios elegantes, plazas tranquilas y calles que combinaban historia y modernidad.

Después de tantas horas de viaje, necesitaba una buena comida, y la elección del restaurante no pudo haber sido mejor: Механа “Чифлика”. Desde el momento en que crucé la puerta, supe que estaba en el lugar adecuado. Un ambiente cálido, decorado al estilo tradicional búlgaro, con madera, manteles bordados y una música folclórica de fondo que completaba la experiencia.

Pedí un шопска салата (Shopska Salata), la famosa ensalada búlgara con tomates, pepino, pimientos y queso blanco rallado, fresca y deliciosa. Luego, me animé con un каварма (Kavarma), un guiso de cerdo cocinado a fuego lento con verduras y especias, servido en una cazuela de barro. El sabor era increíble, y acompañado de un vaso de ракия (rakia), el licor típico búlgaro, la comida se convirtió en una experiencia completa.

Mientras cenaba, observé a los locales y traté de captar palabras del idioma. El cirílico era un desafío, pero a la vez, me daba aún más ganas de seguir explorando el país.

Al salir del restaurante, caminé un poco más por Ruse, disfrutando la noche y la sensación de estar en un lugar completamente nuevo. Bulgaria me había recibido con los brazos abiertos, y no podía esperar para seguir descubriendo más de este fascinante país.

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