Después de mi paso por Kos, llego a Rodas, la isla de los caballeros, con la emoción de recorrer su casco antiguo, una de las ciudades medievales mejor conservadas de Europa. Nada más cruzar las imponentes murallas de piedra, siento que he viajado en el tiempo.
Camino por sus calles empedradas, rodeado de edificios centenarios, arcos de piedra y escudos tallados en las fachadas, vestigios de la época en que los Caballeros de San Juan gobernaban la isla. La Calle de los Caballeros, con sus antiguas posadas, es un túnel al pasado. Imagino a los caballeros cruzando con sus armaduras, planeando sus estrategias de defensa contra los otomanos.
Sigo mi paseo hasta el majestuoso Palacio del Gran Maestre, con su arquitectura gótica impresionante. Subo las escaleras y recorro sus enormes salones de piedra, con mosaicos traídos de Kos y techos altos que cuentan historias de otro tiempo. Desde sus torres, la vista del puerto y el mar Egeo es espectacular.
Dejo atrás las fortalezas y me pierdo en los callejones menos transitados, donde la historia se mezcla con la vida cotidiana. Tiendas de artesanías, tabernas con olor a souvlaki y música griega de fondo le dan un encanto especial a la ciudad.
Termino mi recorrido en la plaza Hippocrates, donde me siento en una terraza con una copa de ouzo y unas aceitunas. El sol empieza a bajar y la luz dorada se refleja en las murallas. Rodas es un museo al aire libre, pero también una ciudad viva, llena de historia, magia y una belleza que me ha atrapado por completo.














































