Dejamos atrás Norte de Macedonia y nos dirigimos a Kosovo, un país independiente que España no reconoce, aunque curiosamente sí acepta su pasaporte… (moraleja de la historia, jaja). Lo primero que me sorprendió fue que la moneda oficial es el euro, y que por solo 5€ puedes dormir en un hostel.
Hicimos un free tour, donde conocí a un grupo magnífico de suizos y a Nicolas, un alemán con el que conecté de inmediato. Tan buena fue la vibra que luego me invitó a su casa en Múnich para celebrar mi cumpleaños. ¡Un auténtico crack! Pasamos un día genial que comenzó bien temprano con el tour y terminó a altas horas de la noche, entre cervezas, comida y risas.
Durante el recorrido, además de aprender sobre la intensa historia de Kosovo, nos llamó la atención algo peculiar: ¡las banderas de EE.UU. están por toda la ciudad! Nos explicaron que es por la intervención de la OTAN en 1999, que ayudó a Kosovo a independizarse de Serbia. De hecho, hay una estatua gigante de Bill Clinton en plena avenida que lleva su nombre. Fue un poco surrealista verlo.
Entre los muchos encuentros del día, conocimos a una pareja que trabaja en la embajada italiana en Kosovo. Siempre es interesante cruzarse con gente con historias tan diferentes. También visitamos un bonito museo que reflejaba la rica historia del país, con exposiciones que mostraban desde la época otomana hasta la actualidad.
Sin duda, fue un día redondo, lleno de aprendizajes, nuevas amistades y grandes momentos que recordaré siempre.