Oslo

Al llegar a Oslo desde Estocolmo con mis dos amigos australianos, me encontré con una ciudad vibrante, iluminada por un sol radiante que no parecía querer ocultarse. Era pleno junio, y la energía en el paseo marítimo era contagiosa. Gente tomando el sol, bañándose en el agua, reuniéndose con amigos… No esperaba ver tanta vida al aire libre en un país nórdico.

Nos alojamos en el Anker Hostel, el más barato que encontramos, pero aún así el precio me dejó claro dónde estábamos: 540 NOK (46€) por noche. Venía de pagar 5€ en lugares como Kosovo, y ahora hasta la cerveza en un bar costaba más de 11€. Una hamburguesa con patatas, 10€. Noruega no tenía piedad con el bolsillo.

Pero la ciudad me atrapó rápidamente. Decidí que no podía quedarme sin vivir la experiencia al máximo y contacté con mi amigo Stefan, de Suecia, quien me presentó a su amigo Raymond Schjønningsen. Nos encontramos en el paseo marítimo, y desde el primer momento conectamos. Su historia me fascinó: casado con una mujer colombiana, me contó sobre la realidad de la vida en Noruega, los contrastes, las oportunidades, las diferencias culturales.

Fue una tarde increíble. Caminamos sin prisa, disfrutando del ambiente y tomando unas cervezas mientras el sol, tercamente, se negaba a desaparecer. La conversación fluyó como si nos conociéramos de siempre. En un país tan lejano, encontré en Raymond a un amigo que espero volver a ver pronto.

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