Mumbai

El 5 de agosto de 2018, nuestra aventura comenzó. Toni Luque y yo tomamos un avión con destino a Dubai y luego a Mumbai. Desde el momento en que aterrizamos, sentimos que estábamos entrando en un mundo completamente distinto al que conocíamos en Occidente. El aeropuerto de Mumbai fue nuestra primera inmersión en esta nueva realidad. Pasamos varios controles de seguridad, y en la aduana nos ficharon los cuatro dedos de ambas manos, excepto los pulgares, además de tomarnos una fotografía con la cara descubierta, incluyendo las gafas. Fue un proceso meticuloso que nos hizo darnos cuenta de lo estricto que es el sistema de seguridad en India.

Una vez que pasamos todos los controles con nuestras pertenencias, nos dirigimos a cambiar divisa. Cambiamos algo de dinero en el aeropuerto, pero enseguida nos dimos cuenta de que el cambio no era muy favorable. Aún así, decidimos cambiar solo lo necesario para sobrevivir los primeros días. Más tarde, en la ciudad, encontramos casas de cambio con tasas mucho mejores. También compramos una tarjeta SIM local para tener internet y un número de teléfono indio. Esto es algo que siempre hago cuando viajo a otros países, ya que me permite moverme con más libertad y estar conectado en todo momento.

Al salir del aeropuerto, nos dirigimos a la zona de taxis. Habíamos pensado en usar Uber, ya que es el medio de transporte que más nos recomendaron para movernos por la ciudad. Tenía mi cuenta vinculada a una tarjeta de crédito, así que pensé que no habría problema. Sin embargo, en Mumbai nos encontramos con que Uber solo aceptaba pago en efectivo. Esto fue una sorpresa, pero afortunadamente teníamos algo de dinero local. Nos subimos al coche y comenzamos nuestro viaje hacia el corazón de la ciudad.

Mientras nos adentrábamos en Mumbai, el contraste cultural nos golpeó de lleno. Por un lado, veíamos impresionantes rascacielos y edificios modernos, y por el otro, chabolas y barrios marginales que se extendían a lo largo de las carreteras. Era una imagen impactante, un recordatorio de las profundas desigualdades que existen en esta ciudad. El tráfico era caótico, con coches, motos, tuk-tuks y peatones compitiendo por el espacio en las calles. Los sonidos de los cláxones y los olores de la ciudad creaban una atmósfera vibrante y abrumadora al mismo tiempo.

Finalmente, llegamos a nuestro destino: un Airbnb que habíamos reservado en un hotel detrás del famoso Taj Mahal Palace, uno de los hoteles más lujosos de la ciudad. La ubicación era perfecta, cerca de muchos puntos de interés y con una vista impresionante. Después de instalarnos, salimos a explorar los alrededores. Caminamos por las calles, observando la vida cotidiana de la gente local. Los puestos callejeros, los vendedores ambulantes y los colores de los saris de las mujeres nos sumergieron aún más en la cultura india.

Esa primera noche, cenamos en un pequeño restaurante local, probando platos tradicionales como el curry y el naan. Fue una experiencia deliciosa, aunque picante para nuestro paladar occidental. Después de comer, regresamos a nuestro alojamiento, agotados pero emocionados por todo lo que habíamos vivido en solo un día. Sabíamos que esta aventura en Mumbai apenas comenzaba, y estábamos ansiosos por descubrir más de esta fascinante ciudad.

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