Estocolmo

Después de mi larga travesía en ferry de 18 horas desde Gdansk, finalmente llegué a Nynäshamn, un puerto pequeño pero acogedor en Suecia. Apenas puse un pie en tierra, conocí a una nueva compañera de viaje y juntos nos dirigimos hacia Estocolmo.

En la capital sueca me instalé en un hostel, donde conocí a Thiago, un brasileño de São Paulo, y a Adrian Boulic, de Francia. Con ellos decidí unirme a un free tour para explorar la ciudad y descubrir sus rincones más emblemáticos.

El recorrido comenzó en Gamla Stan, la ciudad vieja, con sus calles empedradas y edificios de colores que parecían sacados de un cuento medieval. Caminamos hasta el Palacio Real, donde vimos el cambio de guardia y aprendimos sobre la historia de la monarquía sueca. Desde allí nos dirigimos a la Plaza Stortorget, famosa por sus casas de colores y por ser el lugar donde ocurrió la trágica Masacre de Estocolmo en 1520.

Después, cruzamos el puente hacia la isla de Riddarholmen, donde se encuentra la majestuosa iglesia Riddarholmskyrkan, el panteón de los monarcas suecos. Seguimos explorando la ciudad hasta llegar a Sergels Torg, la plaza más moderna y vibrante de Estocolmo, y desde allí fuimos al Ayuntamiento, un edificio imponente desde donde cada año se celebra el banquete de los Premios Nobel.

Al día siguiente me reuní con mi amiga Julia, a quien conocí en Barcelona. Julia es una apasionada de los pájaros y compartimos muchas conversaciones sobre sus experiencias en Suecia. Fuimos por unas cervezas y poco a poco la reunión fue creciendo. Para mi sorpresa, me volví a encontrar con Ahnaf Tajwar, con quien había coincidido antes en mi viaje. Él había continuado su interrail por otros países de Europa y estaba acompañado por su amigo Ryan Dye, un australiano que tenía muchas historias que contar.

Lo que comenzó como un encuentro casual terminó siendo una gran fiesta. Nos unimos a un grupo de estudiantes suecos que estaban celebrando el fin de clases y la noche se convirtió en una auténtica inmersión en la vida nocturna de Estocolmo. Entre risas, bailes y conversaciones, aprendimos mucho sobre la cultura local y sus “desfases”. Fue una noche para recordar, llena de momentos inesperados y conexiones que hacen que viajar sea tan especial.

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