Al día siguiente, decidí viajar desde Plovdiv a Estambul por recomendación de unos compañeros del hostel. Me comentaron que solo había un tren nocturno (incluido en el Interrail), pero que la mejor opción era el autobús. Dicho y hecho, compré mi billete y me preparé para la aventura. En mi blog, tonisau.com, dejo algunas fotos y las apps que mejor funcionan para este tipo de viajes.
El trayecto transcurrió sin problemas hasta que cruzamos la frontera con Turquía. Fue entonces cuando el autobús tuvo una incidencia y nos dejó tirados en medio de la autopista. La situación me sorprendió aún más cuando me di cuenta de que no llevaban señales de tráfico reglamentarias, como triángulos o luces de emergencia. En su lugar, colocaron un bidón de gasolina como señal de peligro. Una imagen surrealista.
Después de un rato de espera, llegó un autobús de recambio y pudimos continuar nuestro viaje hacia Estambul, una mega metrópolis que conecta Europa con Medio Oriente. Al llegar, todo era nuevo: otra cultura, otra moneda, otra SIM, otro mundo por descubrir.
Al día siguiente, decidí sumergirme en la ciudad con un free tour y luego con un tour en barco. Fue impresionante ver la grandeza y la historia de Constantinopla desde distintos ángulos. Estambul no es solo una ciudad, es un viaje en el tiempo, un choque de culturas y un espectáculo para los sentidos.













































