Mi visita a Colmar fue como entrar en un cuento de hadas. Desde que llegué, la ciudad me envolvió con su atmósfera mágica. Comencé el recorrido por el Casco Antiguo, que parecía sacado de una pintura. Las calles adoquinadas, las casas de colores brillantes con sus fachadas de madera y flores colgando de las ventanas me hicieron sentir que estaba caminando por un lugar atemporal.
Lo que más me sorprendió fue el pintoresco barrio de Petit Venice. Caminé a lo largo de sus canales, donde las casas de colores reflejaban sus fachadas en el agua tranquila. No pude evitar parar cada pocos metros para tomar fotos, pues cada rincón era más hermoso que el anterior. El ambiente aquí era relajado, con cafés al borde del agua y el sonido suave de los barcos deslizándose por los canales.
Luego, pasé por la impresionante Iglesia de San Martín, con su arquitectura gótica que se alzaba majestuosa en el corazón de la ciudad. En su interior, la calma y la belleza del lugar me dejaron una sensación de serenidad.
Para el almuerzo, me senté en una de las terrazas del centro y disfruté de la deliciosa cultura gastronómica alsaciana. Probé una tart flambee (una especie de pizza típica de la región) acompañada de una copa de vino blanco de Alsacia, que combinaba perfectamente con el ambiente.
La tarde la dediqué a explorar más rincones tranquilos, como la Place Rapp, una plaza encantadora rodeada de casas tradicionales y con una gran escultura en honor a los soldados franceses. Me perdí por las callecitas del centro, donde encontré pequeñas tiendas de artesanía, encantadores mercados y locales de chocolate que me tentaron a llevarme un dulce recuerdo de la ciudad.
Al final del día, me dirigí al Museo Unterlinden, uno de los más importantes de la ciudad, para admirar su colección de arte, que incluye obras de los maestros medievales y un famoso retablo de Isenheim. El edificio en sí, un antiguo convento, ya era un atractivo en sí mismo.
Aunque solo pasé un día en Colmar, la ciudad me dejó con una sensación de paz y felicidad. Cada rincón parecía sacado de un sueño y, sin duda, la volvería a visitar.