Brig

Dejamos Estrasburgo atrás, con rumbo a Suiza, y lo primero que tenía claro era que tenía que desconectar el roaming. No estaba incluido en mi plan y sabía que tendría que moverme de manera más autónoma. Así que, con los mapas de Google ya descargados y la ruta bien estudiada, me aseguré de tener todo preparado para cualquier imprevisto. No podía permitirme perderme, especialmente al cambiar de país, así que decidí confiar en mis propios recursos.

El plan inicial era hacer una parada en Zermatt, pero por falta de tiempo, no pude quedarme allí y opté por ir directamente a Brig para almorzar. No iba a ser una comida lujosa, pero sí muy necesaria, ya que el resto del día se iba a centrar en disfrutar del famoso Glacier Express y no tendría tiempo para otra comida. Además, los precios en Suiza son bastante elevados, por lo que la decisión de no quedarme en Zermatt resultó ser muy acertada.

Tomamos el tren a Basilea y, desde allí, continuamos hasta Brig. Al llegar, me sentí algo aliviado de estar finalmente en Suiza, pero al mismo tiempo, mi mochila ya empezaba a ser un pequeño peso adicional. Sin embargo, no era momento para lamentarse. Me puse a caminar por las calles de Brig, buscando un lugar donde poder comer algo. El tiempo apremiaba, así que no perdí demasiado tiempo. Finalmente, encontré un restaurante pequeño y acogedor, donde me senté a disfrutar de una comida tranquila. A pesar de lo sencilla que fue, fue un verdadero alivio, ya que sabía que no tendría más oportunidades para comer en el resto del día.

Después de mi almuerzo, continué mi camino hacia la estación de tren. Estaba ansioso, pues el Glacier Express me esperaba, y no quería perder ni un segundo de esa experiencia única. Con mi mochila al hombro, me dirigí hacia la estación, donde el ambiente ya era de pura anticipación. El tren, famoso por recorrer los impresionantes paisajes alpinos, no tardó en llegar, y cuando vi su imponente presencia en la estación, supe que todo lo que había hecho hasta entonces valía la pena.

A las 15:00 horas, como un reloj suizo, me encontraba en el andén esperando para abordar el famoso Glacier Express. Estaba listo para emprender el viaje a través de los Alpes suizos, un trayecto que no solo me llevaría a St. Moritz, sino que también me regalaría vistas espectaculares, rodeado de montañas, valles y paisajes de nieve que solo Suiza puede ofrecer. El tren avanzó lentamente, comenzando su recorrido hacia las alturas, y con cada kilómetro recorrido, sentí que estaba viviendo una de las mejores experiencias de mi viaje.

El día en Suiza no había hecho más que comenzar, pero con el Glacier Express, sabía que el recorrido por los Alpes suizos sería el punto culminante de esta parte del viaje. ¡Estaba listo para disfrutar de cada segundo!

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