Amsterdam

Apenas puse un pie en Ámsterdam, supe que tenía que aprovechar cada momento antes de partir hacia Bélgica. La ciudad me recibió con sus canales tranquilos, bicicletas por todas partes y ese aire vibrante que la hace única.

Mientras caminaba por el centro, tratando de ubicarme y decidir mi siguiente destino, conocí a Ana Laura, una viajera de Morelia, México. Nos encontramos por casualidad en la calle, cuando ella me preguntó por algún lugar para visitar. Entre charla y risas, decidimos pasar el día juntos explorando la ciudad.

Comenzamos en la Plaza Dam, el corazón de la ciudad. Nos detuvimos un momento para admirar el Palacio Real y la Nieuwe Kerk, rodeados de turistas, palomas y artistas callejeros. Desde allí, caminamos por la calle Damrak hasta llegar a los icónicos canales de Ámsterdam.

No podía perderme el Barrio Jordaan, con sus calles adoquinadas y casas estrechas de ladrillo. Ana Laura decidió visitar la Casa de Ana Frank, un sitio que impacta y emociona. Mientras ella recorría el museo, yo aproveché para explorar un poco más el barrio, perdiéndome entre sus calles llenas de historia y encanto.

Después de eso, necesitábamos algo más ligero, así que nos dirigimos a una tienda de chocolate donde disfrutamos de algunas delicias dulces antes de seguir explorando.

Seguimos recorriendo la ciudad y llegamos al Barrio Rojo, donde nos sorprendió la mezcla de historia y modernidad. Más allá de su fama, la zona está llena de arquitectura medieval, canales iluminados y pequeñas cafeterías con mucho encanto. Entre risas y comentarios sobre lo diferente que es todo ahí, terminamos el día con la sensación de que habíamos aprovechado cada minuto.

Antes de irnos, nos dimos un último gusto: unas típicas patatas en Manneken Pis, crujientes y acompañadas de una generosa cantidad de salsa, seguidas de un stroopwafel caliente, recién hecho en un mercado callejero. El caramelo derretido entre las dos galletas fue el broche de oro de nuestra visita.

Al final, nos despedimos en la estación. Yo partía hacia Bélgica, y ella tenía otros planes, pero ambos sabíamos que estos encuentros espontáneos son los que hacen que viajar sea aún más especial.

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