Sarandë
El viaje a Sarandë ya empezó con aventura: un bus con overbooking, apretados y en pleno calor, pero con el ánimo intacto. En el camino, conocimos a dos catalanas con las que compartimos anécdotas y risas, convirtiendo el trayecto en parte de la experiencia. Al llegar al hostel, la energía del lugar era contagiosa. No pasó mucho tiempo antes de que me juntara con dos alemanas y un argentino, formando un grupo improvisado pero perfecto para explorar la ciudad. La noche en Sarandë fue de bar en bar, conociendo viajeros de todos lados y acabando en una cena con mi nueva amiga de Israel y un grupo de otro hostel. En ese momento, me di cuenta de algo: Sarandë, con su tamaño modesto, se siente enorme por la cantidad de almas viajeras que la llenan de vida. Dos días después, llegó el destino más esperado del viaje: Ksamil. Desde que inicié el interrail, soñaba con este paraíso de playas turquesas y arena blanca. Y vaya si cumplió. Allí, con el sol en la piel y el agua cristalina frente a mí, me sentí como un rey. Ksamil no solo fue mi destino favorito, fue el lugar donde el viaje alcanzó su punto más alto Ver esta publicación en Instagram Una publicación compartida de Toni Sau (@tonieurope2025)
