ROMANIA

Bucarest

¡Por fin llegué a Bucarest! Después de un mes recorriendo Europa en Interrail, pisar la capital de Rumanía se sintió como otro gran hito en mi viaje. Desde el primer momento, Bucarest me sorprendió con su mezcla de arquitectura monumental, vibrante vida urbana y rincones llenos de historia. Lo primero que hice fue instalarme en el T5 Social, el mejor hostel de la ciudad. Desde el instante en que crucé la puerta, sentí la buena energía del lugar: viajeros de todo el mundo, un ambiente acogedor y gente con ganas de compartir experiencias. No tardé en hacer amigos, y gracias a ellos recibí una invitación inesperada: una visita al Palacio del Parlamento, una de las construcciones más imponentes que había visto en mi vida. Antes de la gran visita, aproveché para explorar la ciudad y disfrutar de su gastronomía. Probé un delicioso mici (una especie de salchicha a la parrilla) acompañado de mostaza, y por supuesto, no podía faltar un papanasi, un postre rumano con queso y mermelada que fue puro placer. Después, me di un respiro con un paseo alrededor del lago en el Parque Herăstrău. La primavera estaba en su mejor momento, y caminar entre los árboles en flor, viendo a la gente remar en pequeñas barcas, me hizo sentir una paz increíble en medio de la gran ciudad. Finalmente, llegó el momento de visitar el Palacio del Parlamento. Al estar frente a él, me di cuenta de su inmensidad. Era colosal, una estructura de mármol y detalles dorados que parecía no tener fin. Al entrar, los salones parecían multiplicarse: lámparas de araña gigantes, alfombras interminables, columnas imponentes y una arquitectura que mezclaba lujo con el peso de la historia. Recorrer sus interminables pasillos me hizo entender por qué es uno de los edificios administrativos más grandes del mundo. Al final del día, regresé al hostel con una mezcla de admiración y emoción. Bucarest había superado mis expectativas, combinando historia, vida moderna y una hospitalidad increíble. ¡No podía esperar para seguir explorando más de esta fascinante ciudad!

Brasov – Brasovului Juni

Después de visitar el Castillo Peleș y quedar maravillado con su majestuosidad, regresé a Brașov sin imaginar que estaba a punto de presenciar algo aún más inesperado: el Junii Brașovului, un desfile ecuestre con raíces en el siglo XIV. Cuando llegué a la ciudad, las calles ya estaban llenas de gente. No entendía muy bien qué estaba pasando hasta que, de repente, escuché el sonido de cascos golpeando el adoquinado. Giré la cabeza y vi acercarse un grupo de jinetes vestidos con trajes tradicionales, montando caballos imponentes. Los Junii (jóvenes) llevaban capas bordadas, sombreros adornados con plumas y colores vibrantes que contrastaban con el fondo medieval de Brașov. La energía en el aire era contagiosa: el público aplaudía, los jinetes alzaban sus brazos en señal de orgullo y la música folclórica llenaba la plaza. Pregunté a una mujer mayor a mi lado y me explicó que esta tradición se remonta a la época medieval, cuando los jóvenes de Brașov celebraban la llegada de la primavera con un desfile a caballo, simbolizando la fuerza y el renacimiento. Lo más impresionante era que esta costumbre había sobrevivido siglos, manteniendo vivo el espíritu de la ciudad. El desfile avanzó por las calles del casco antiguo, pasando por la Iglesia Negra y la Piața Sfatului, donde los jinetes realizaban saludos ceremoniales. Ver cómo una tradición de hace más de 600 años seguía tan viva fue algo fascinante. Aún con la emoción del momento, me senté en una terraza con una cerveza local en la mano, dejando que la energía de Brașov y su historia me envolvieran. Este viaje no dejaba de sorprenderme.

Sighișoara

Mi visita a Sighișoara fue como adentrarme en un cuento medieval. Al llegar, me recibió un lugar que parecía sacado directamente de un libro de historia, con calles empedradas y casas coloridas que parecían guardar siglos de secretos. Mientras caminaba, sentía que cada rincón tenía una historia que contar. El punto culminante de mi visita fue, sin duda, la famosa Dracula House. Saber que esta pequeña casa amarilla es el lugar donde nació Vlad Tepes, el príncipe que inspiró al mítico Drácula, le daba un toque de misterio a todo. Desde el momento en que crucé la puerta, una mezcla de curiosidad y emoción me invadió. La decoración del lugar, con muebles rústicos y detalles medievales, parecía transportarme a la época en la que Vlad vivió allí. Había un restaurante en el piso inferior, donde decidí sentarme un rato. Pedí un plato típico y me sentí como un huésped más en esta casa cargada de historia. Mientras comía, no podía evitar imaginar cómo sería la vida de Vlad niño, corriendo por esas mismas habitaciones, completamente ajeno a la leyenda que se tejería en torno a él siglos después. Después de explorar la casa, seguí recorriendo el casco antiguo de Sighișoara. Subí la Torre del Reloj, donde las vistas eran impresionantes: tejados de tejas rojas, las colinas verdes que rodean la ciudad y las murallas que alguna vez protegieron este rincón medieval. Cada rincón de esta ciudad parecía esconder un pedazo de la historia. Sighișoara me dejó con la sensación de haber estado en un lugar único, donde la historia, la arquitectura y las leyendas se entrelazan de manera perfecta. Fue una experiencia inolvidable, y la Casa de Drácula fue, sin duda, la cereza en el pastel de este viaje.

Cluj-Napoca

Dos días inolvidables en Cluj-Napoca Tras mi largo viaje nocturno desde Budapest, llegué a Cluj-Napoca, una ciudad vibrante que de inmediato me atrapó con su mezcla de historia, modernidad y un ambiente relajado. Día 1: Primeros sabores rumanos con Manon El primer día conocí a Manon Chorot, quien se convirtió en mi primera compañía en tierras rumanas. Juntos iniciamos nuestra exploración gastronómica, probando los primeros platos típicos de la región. Descubrí que la comida en Rumanía no solo era deliciosa, sino increíblemente asequible. Desde sopas servidas en rústicos cuencos de barro hasta contundentes platos de carne acompañados de la tradicional mămăligă (polenta rumana), cada bocado me sumergía más en la cultura local. Las calles empedradas de Cluj-Napoca estaban llenas de historia, pero al mismo tiempo rebosaban de energía juvenil. Pequeñas cafeterías, bares de inspiración soviética y locales de rock alternativo creaban un ambiente único. Día 2: Encuentro con Ahnaf, mi compañero de viaje En el hostel, el destino me cruzó con Ahnaf Tajawar, un australiano de origen bangladesí que vivía en Melbourne. Desde el primer momento congeniamos, y sin darnos cuenta, se convirtió en mi gran compañero de viaje. Con Ahnaf, la aventura tomó un giro aún más emocionante. Juntos, exploramos la ciudad a nuestro propio ritmo, disfrutando de su esencia alternativa. Visitamos lugares con una estética soviética, bares con música rockera, y comprobamos esa extraña sensación de estar en un país donde, por primera vez, uno se sentía relativamente rico: alojamiento barato, comida deliciosa por precios irrisorios y un sinfín de experiencias al alcance de la mano. Entre risas, anécdotas y descubrimientos, Cluj-Napoca nos regaló una bienvenida perfecta a Rumanía. La ciudad fue el punto de partida de una aventura que prometía mucho más.

Scroll al inicio