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Estambul – parte 2

Cuatro días en Estambul dan para mucho. Desde el primer momento, la ciudad me envolvió con su energía, su historia y su mezcla única de culturas. Las visitas a las mezquitas grandiosas fueron un viaje en el tiempo. La majestuosidad de Santa Sofía, la belleza de la Mezquita Azul y la tranquilidad de Süleymaniye me transportaron a la época de los sultanes, cuando el Imperio Otomano dominaba medio mundo. Cada rincón contaba una historia, cada mosaico y cúpula hablaban de siglos de esplendor. Pero lo mejor de los viajes son siempre las sorpresas. Una noche, mientras exploraba la vida nocturna de Estambul, terminé en un bar donde una familia americana celebraba algo especial. Para mi sorpresa, habían contratado un show privado de danza del vientre y música turca, y como yo estaba en la mesa de al lado, terminé siendo parte de la fiesta. El ritmo de los tambores, el sonido del saz y la hipnótica danza crearon un ambiente mágico. Fue una de esas noches inesperadas que quedan grabadas en la memoria. También hice el recorrido clásico por los lugares más emblemáticos: el Gran Bazar, el Palacio de Topkapi, la Torre de Gálata y un paseo en barco por el Bósforo. Cada día traía una nueva perspectiva de la ciudad, de su gente y de su historia. Cuatro días fueron intensos, pero me dejaron con la sensación de que Estambul siempre tiene algo más que ofrecer. Es una ciudad para perderse, para dejarse sorprender y para volver.

Estambul

Al día siguiente, decidí viajar desde Plovdiv a Estambul por recomendación de unos compañeros del hostel. Me comentaron que solo había un tren nocturno (incluido en el Interrail), pero que la mejor opción era el autobús. Dicho y hecho, compré mi billete y me preparé para la aventura. En mi blog, tonisau.com, dejo algunas fotos y las apps que mejor funcionan para este tipo de viajes. El trayecto transcurrió sin problemas hasta que cruzamos la frontera con Turquía. Fue entonces cuando el autobús tuvo una incidencia y nos dejó tirados en medio de la autopista. La situación me sorprendió aún más cuando me di cuenta de que no llevaban señales de tráfico reglamentarias, como triángulos o luces de emergencia. En su lugar, colocaron un bidón de gasolina como señal de peligro. Una imagen surrealista. Después de un rato de espera, llegó un autobús de recambio y pudimos continuar nuestro viaje hacia Estambul, una mega metrópolis que conecta Europa con Medio Oriente. Al llegar, todo era nuevo: otra cultura, otra moneda, otra SIM, otro mundo por descubrir. Al día siguiente, decidí sumergirme en la ciudad con un free tour y luego con un tour en barco. Fue impresionante ver la grandeza y la historia de Constantinopla desde distintos ángulos. Estambul no es solo una ciudad, es un viaje en el tiempo, un choque de culturas y un espectáculo para los sentidos.

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