albania

Girokaster

Dejamos atrás mi lugar favorito hasta el momento del Interrail, Ksamil, y nos adentramos en las montañas de Albania. Nuestro destino era Gjirokastër, una belleza auténtica albanesa. El recorrido desde Sarandë en autobús fue una experiencia curiosa; viajábamos en pequeñas furgonetas que iban recogiendo personas y materiales por el camino. Llegamos a cambiar de vehículo como tres veces antes de llegar finalmente a nuestro destino. Cuando llegamos, nos tocó subir las empinadas pendientes hasta llegar al pueblo. Las vistas al fabuloso castillo de Gjirokastër me dejaron sin palabras. Con mis amigos de Soria, decidimos visitarlo, y las vistas desde allí eran impresionantes, con las sierras de Albania extendiéndose ante nuestros ojos, creando un paisaje de lo más majestuoso. Recorrimos el pueblo como buenos turistas, explorando cada rincón de sus calles empedradas y sumidos en la historia del lugar. Al final, decidimos comer en el Restaurante Tradicional Gjoça. Aunque la comida en las zonas más turísticas no era barata, el precio de una habitación privada en la zona sí era sorprendentemente económico. La calidad de la comida era excelente, pero lo que realmente me impactó fue lo accesible que resultó todo en general. Fue una de esas experiencias únicas que, sin duda, me marcaron durante mi aventura por Albania.

Ksamil

¡Ksamil! Tanto había escuchado sobre este paraíso, y por fin llegué. Para hacerlo, tuve que separarme de Ahnaf Tajwar y aventurarme solo a Albania, un país que no podía dejar fuera de mi ruta. Desde el primer momento, supe que la decisión había valido la pena. Ksamil es simplemente de otro mundo. Playas de arena blanca, aguas turquesas tan claras que parecían irreales, y un ambiente de ensueño. Es un rincón del Mediterráneo que aún conserva un aire tranquilo, pero sé que no será así por mucho tiempo. Con su belleza natural y su cercanía a la isla griega de Corfú, el turismo aquí solo va a crecer. En unos años, este pequeño paraíso podría convertirse en la nueva joya del Adriático, con más infraestructura y cada vez más viajeros descubriéndolo. Desde mi llegada a Sarandë, todo fue una cadena de encuentros y nuevas amistades. Compartí cenas, risas y momentos inolvidables en la playa con gente increíble: @trex235, @lauratheexplorerx, @ms_onmyway, @mariaavegezzi_, @tala_olinsmiller, @crissoriana, @albitre9, y tantos otros. Cada día traía una nueva historia, un nuevo atardecer compartido, una nueva conexión que hacía el viaje aún más especial. Ksamil no fue solo un destino, fue una experiencia. Un lugar donde me sentí completamente libre, donde cada instante quedará grabado como uno de los mejores recuerdos de mi interrail. ¡Volveré algún día, eso seguro

Sarandë

El viaje a Sarandë ya empezó con aventura: un bus con overbooking, apretados y en pleno calor, pero con el ánimo intacto. En el camino, conocimos a dos catalanas con las que compartimos anécdotas y risas, convirtiendo el trayecto en parte de la experiencia. Al llegar al hostel, la energía del lugar era contagiosa. No pasó mucho tiempo antes de que me juntara con dos alemanas y un argentino, formando un grupo improvisado pero perfecto para explorar la ciudad. La noche en Sarandë fue de bar en bar, conociendo viajeros de todos lados y acabando en una cena con mi nueva amiga de Israel y un grupo de otro hostel. En ese momento, me di cuenta de algo: Sarandë, con su tamaño modesto, se siente enorme por la cantidad de almas viajeras que la llenan de vida. Dos días después, llegó el destino más esperado del viaje: Ksamil. Desde que inicié el interrail, soñaba con este paraíso de playas turquesas y arena blanca. Y vaya si cumplió. Allí, con el sol en la piel y el agua cristalina frente a mí, me sentí como un rey. Ksamil no solo fue mi destino favorito, fue el lugar donde el viaje alcanzó su punto más alto Ver esta publicación en Instagram Una publicación compartida de Toni Sau (@tonieurope2025)

Tirana

Llegamos a Tirana sin muchas expectativas, pero la ciudad terminó siendo una grata sorpresa. Durante el free tour, nos contaron la historia de Albania y cómo este país ha pasado por momentos realmente intensos. Todo comenzó con los ilirios, los antiguos habitantes de la región, antes de que los romanos y bizantinos tomaran el control. Luego llegaron los otomanos, y Albania pasó más de 400 años bajo su dominio. Pero el orgullo albanés nunca desapareció, y en 1912 lograron su independencia. Después vino el siglo XX, marcado por guerras y dictaduras. Durante la Segunda Guerra Mundial, Albania fue ocupada por Italia y Alemania, hasta que los comunistas tomaron el poder con Enver Hoxha a la cabeza. Ahí empezó una de las dictaduras más cerradas y paranoicas del mundo. Construyeron miles de búnkeres por todo el país, convencidos de que serían invadidos en cualquier momento. Cuando el comunismo cayó en 1991, el país entró en una etapa de caos y pobreza, pero poco a poco fue saliendo adelante. Hoy, Tirana es el reflejo de ese renacer: colorida, vibrante y llena de historia. Me sorprendió la Pirámide de Tirana, ese extraño edificio que alguna vez fue un símbolo del régimen y que hoy intentan transformar en algo nuevo. También el Bunk’Art, un antiguo búnker convertido en museo, que muestra lo dura que fue la vida bajo la dictadura. Definitivamente, no esperaba encontrarme con un lugar así. Albania es un país con una historia increíble y un futuro que parece prometedor. Ver esta publicación en Instagram Una publicación compartida de Toni Sau (@tonieurope2025)

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