Alemania

Munich

Llegamos a Múnich un 19 de junio, sin planes concretos, simplemente dejándonos llevar por lo que la ciudad tuviera preparado para nosotros. Era la víspera de mi cumpleaños, y aunque no tenía nada planeado, intuía que algo interesante sucedería. Desde el primer momento, la ciudad me sorprendió con su historia, arquitectura y ambiente. Recorrimos los lugares más emblemáticos, desde Marienplatz, con su impresionante Ayuntamiento, hasta el Odeonsplatz, pasando por la historia de Baviera, que me dejó realmente asombrado. Pero lo mejor estaba por llegar… Al final del recorrido, la noche me encontró entre cervezas en un típico bar muniqués, compartiendo historias con una americana y un australiano. Conversaciones viajeras, risas y brindis marcaron ese momento, hasta que nos despedimos. Pero mi noche no terminaba ahí. Más tarde, conocí a una chica medio argentina-alemana, que actualmente vivía en Utah. Fue con ella con quien celebré la medianoche y mi 38º cumpleaños en Múnich. ¡Quién lo iba a decir! Un aniversario inesperado, en una ciudad increíble, con compañía nueva y un ambiente perfecto para recibir un nuevo año de vida. Al día siguiente, decidí seguir explorando y me dirigí al Englischer Garten, el pulmón verde de la ciudad. Caminando entre sus senderos, me topé con un canal donde la gente se dejaba llevar por la corriente, flotando y disfrutando del agua. Siguiendo el curso del río, terminé en un lugar que no esperaba: Eisbachwelle, donde los surfistas desafiaban las olas en pleno corazón de Múnich. Ver aquello fue simplemente espectacular. Pero el día aún tenía una sorpresa más. Llegaba tarde a mi siguiente compromiso, pero finalmente logré reencontrarme con mi gran amigo muniqués, Nicolas. Nos habíamos conocido un mes antes en Kosovo, compartiendo historias de viajes y sueños de explorar lugares poco habituales. Nicolas, un auténtico nómada viajero, trabajaba en la fábrica de BMW en Múnich, pero su pasión por viajar lo llevaba a recorrer el mundo siempre que podía. Gracias a él, no solo tuve un excelente couchsurfing, sino también el mejor guía turístico que podía pedir. Así celebré mi cumpleaños: con nuevos amigos, reencuentros inesperados, mucha cerveza y la sensación de que viajar siempre te sorprende con momentos inolvidables. ¡Gracias, Múnich, y gracias, Nicolas, por acogerme y hacer de este cumpleaños algo especial! 🍻🎉🏄‍♂️

Hamburgo

Desde que bajamos del tren en la estación central de Hamburgo, sentí la energía de la ciudad. Solo teníamos un día para recorrerla, así que nos pusimos en marcha de inmediato. Salimos de la estación y nos dirigimos a nuestro primer destino: el Ayuntamiento de Hamburgo (Rathaus). Es un edificio imponente, con su fachada neorrenacentista llena de detalles. Nos detuvimos unos minutos en la plaza para admirarlo y sacar algunas fotos antes de seguir caminando. Desde allí, nos aventuramos hacia la zona de los lagos Alster. Caminamos por Jungfernstieg, la elegante avenida junto al Binnenalster, y nos maravillamos con la vista del agua y los cisnes deslizándose sobre la superficie. Si hubiera habido más tiempo, me habría encantado sentarme en una terraza a tomar un café, pero seguimos adelante. Después, nos dirigimos al barrio de Speicherstadt, el famoso distrito de almacenes de ladrillo rojo. La vista de los canales y los puentes es impresionante, especialmente desde el Wasserschloss, un edificio icónico en una bifurcación del canal. La mezcla de historia y modernidad en esta zona es increíble. No podía faltar una visita a la Elbphilharmonie. Subimos a la plataforma panorámica y desde allí disfrutamos de una vista espectacular del puerto y del río Elba. El viento soplaba fuerte, pero valió la pena quedarse un rato admirando el horizonte. Para comer, buscamos algo típico y nos decidimos por un Fischbrötchen, un bocadillo de pescado fresco que es un clásico en Hamburgo. Lo comimos de pie, junto al puerto, mientras veíamos los barcos pasar. La última parada fue el barrio de St. Pauli y la Reeperbahn, la famosa calle de ocio nocturno. Aunque era de día, todavía se podía sentir el ambiente vibrante del lugar. Caminamos un poco por sus calles, descubriendo grafitis, bares y referencias a los Beatles, que tocaron aquí en sus inicios. Al final del día, con los pies cansados pero el corazón lleno de imágenes y experiencias, volvimos a la estación para tomar nuestro tren. Hamburgo en un día fue una locura, pero una locura que valió totalmente la pena.

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